La funcionaria asesina
Deli busca a Sabina
Mi querida Sabina,
¿Cómo estás? Te extraño.
Ayer fui a la biblioteca del Reina Sofía, me he sacado el carnet de investigadora para poder continuar con el trabajo sobre el expolio y la tutela en el art brut… Estuve pensando que cuando enloqueces nadie te dice que de la locura vuelves. En cambio te drogan, te atan y te dicen que te tienes que curar.
La locura se transita como tantas cosas en la vida.
Lo que pasa es que enloquecer no es limpio ni higiénico, aunque a veces puede serlo.
No paro de visitar museos buscándote.
Sabina mía, desde que te marchaste te busco por todas partes, ya sé que estás bien, nadie es mejor en sobrevivir y camuflarse que tú, pero aún así te busco. A veces aunque te acabe de ver en nuestra reunión online te busco por el Retiro, porque soy consciente de que estar contigo es lo único que hará que no vuelva a enloquecer.
Hoy nevó en Madrid, pensaba una y otra vez en la canción que sonaba cuando te despedimos Lola, Medu, Lali y yo, la de La funcionaria asesina. No sé si es que querías decirnos algo encriptado, pero Alaska se movía en la tele cantando:
Me casaron, me obligaron a estudiar
y yo obedecía me sometía,
mi marido era un déspota feroz
lo quité de en medio qué remedio
mi vocación se reveló me fascinó la sangre
maté al siguiente con un alambre
y tú Sabi cogiste la maleta y dijiste: ¡seré yo también una funcionaria asesina!, y le diste la vuelta a la bufanda que llevabas y saliste teatralmente de la casa.
Enero hace que me ponga intensa, no te vayas demasiado lejos, sigo buscándote:
Tuya,
Deli



